«A mí me habla más sensillo». Vosotros sois muy jóvenes, pero es una muletilla que inmortalizaron los programas de zapping televisivos como el mítico APM. En el año de los Dolores, que diría Chiquito, le preguntaron a una señora qué tal le iba cuando salía de compras «a las grandes superficies». Y ella, con la mala leche dibujada en la cara, corta en seco: «A mí no me hables así». Solo quieren que le hablen sencillo, vaya.
Es una tontería de cultura pop televisiva, pero siempre me viene a la mente esa muletilla cuando me encuentro con algún texto redactado con mala intención, para hacerlo críptico, supertécnico y especializado. Ya sea un texto legal, médico o instrucciones para montar un mueble. Complicar el lenguaje es lo peor que se puede hacer cuando quieres que alguien te entienda.
Eso, que no tiene nada que ver con usar un lenguaje ultracoloquial y pobre, tiene un nombre cristalino: lenguaje claro. Y vuelve a estar de actualidad por un motivo que a la señora le habría sonado a ciencia ficción: buena parte de los textos que leemos ya los escribe una máquina, sin faltas y con buen tono. Pero muchas veces no se entiende un pimiento porque la IA no decide qué hay que decir, a quién y para qué.
Qué es el lenguaje claro
Hay una definición que comparten la federación internacional de lenguaje claro y la norma ISO que lo regula: una comunicación está en lenguaje claro cuando su redacción, su estructura y su diseño permiten a quien la lee encontrar lo que necesita, entenderlo y usarlo.
Fijémonos en el orden de los verbos: encontrar, entender, usar. La definición no habla de escribir bonito ni de simplificar hasta tratar al lector como a un niño. Habla de lo que le pasa a esa persona después de leer. Un texto claro es el que le permite hacer lo que había venido a hacer: pedir una cita, entender una resolución, saber si una ayuda le corresponde. Y a veces eso exige más palabras de las que parecía.
De buena costumbre a derecho
El lenguaje claro empezó como una preocupación de los tribunales, que veían que la gente no entendía lo que se le comunicaba. En España ya es ley. Desde diciembre de 2024, la Ley Orgánica del Derecho de Defensa obliga en su artículo 9 a que los actos y comunicaciones procesales se redacten «en lenguaje claro, de manera sencilla y accesible universalmente». Y extiende la exigencia a las resoluciones judiciales, que tienen que poder entenderse teniendo en cuenta a quién van dirigidas.
Fuera de los juzgados, quien ha cristalizado el movimiento es la RAE. Con la Asociación de Academias y la Secretaría General Iberoamericana publicó la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible, que lleva el lenguaje claro a la Administración, la empresa, el consumo y la sanidad. La Red Panhispánica que coordina reúne a más de 400 instituciones, y ya hay empresas privadas que se han sumado, como Mapfre.
También hay norma técnica. UNE publicó en 2024 la versión española de la ISO 24495-1, con los principios del lenguaje claro, y en abril de este año la segunda parte, dedicada a la comunicación jurídica. AENOR certifica textos y metodologías con un sello propio, y compañías como Iberdrola ya lo han obtenido.
Lo que hace unos años era una buena práctica de unos pocos se ha convertido en derecho, en norma y en un criterio de calidad que se puede auditar.
La IA, en el centro del debate
Lo que ha cambiado en los últimos meses es el foco. La III Convención de la Red Panhispánica, celebrada en La Plata (Argentina) el 1 y el 2 de octubre, se tituló «Diálogo iberoamericano sobre Lenguaje Claro y Accesible e Inteligencia Artificial». Reunió a más de 1.200 asistentes y 275 ponencias, y terminó con la firma de la Declaración de La Plata, que crea una red iberoamericana de lenguaje claro en español y portugués.
En las jornadas preparatorias, en mayo en Madrid, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, defendió que la IA use lenguaje claro porque «dentro de poco, la mayor parte de las comunicaciones serán a través de la IA». Y en la inauguración de La Plata explicó que, aunque el tema no es nuevo, se ha vuelto a él en la última década por la revolución de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial.
Tiene sentido que la preocupación crezca justo ahora. Los modelos de lenguaje escriben con una corrección impecable. El problema es otro.
Un lenguaje correcto es gratis, un lenguaje claro sigue costando
Hay datos que ayudan a entender qué tipo de texto produce la IA. Un equipo de investigadores analizó más de 15 millones de resúmenes de artículos biomédicos publicados en PubMed y estimó que al menos el 13,5% de los de 2024 se habían procesado con modelos de lenguaje. Lo detectaron por el rastro que dejaban: palabras de estilo, que dan tono al texto pero no añaden contenido. El estudio tiene límites que conviene señalar, porque es prosa académica, biomédica y en inglés. Pero describe un patrón que cualquiera reconoce: frases impecables que suenan a algo y no dicen gran cosa.
Google se limita, en principio, a juzgar lo que un texto aporta a quien lo lee, sea cual sea la herramienta con que se haya escrito. Eso sí, advierte de que generar páginas en serie sin valor para el lector puede entrar en su política contra el abuso de contenido a escala.
Y aquí está lo importante. La IA ha abaratado el texto correcto hasta hacerlo casi gratuito. El texto claro cuesta lo mismo que antes, porque lo caro nunca fue la gramática. Lo caro es decidir qué quieres que entienda quien lee, qué tiene que poder hacer después y qué sobra. Esa decisión es editorial y el modelo no la toma por ti. Si le pides a la IA que «mejore» un texto que no sabe a quién va dirigido y cuál es su objetivo, te devolverá un texto mejor escrito que tampoco lo sabe.
En una web se nota antes
En la web, la falta de claridad se paga más rápido. Los estudios clásicos de Nielsen Norman Group lo midieron en la prehistoria digital: en 1997, el 79% de los participantes escaneaba las páginas y solo el 16% leía palabra por palabra. Ya en 2008 calcularon que, en una visita media, se leen como mucho el 28% de las palabras, y que lo realista ronda el 20%. Son estudios antiguos, pero nada de lo que vemos hoy invita a pensar que leamos más despacio.
Además, quien lee una web ya no es solo una persona. Lo explicamos en otro artículo de Apuntes, «El clic no ha muerto»: cada texto lo leen a la vez tres lectores, la persona, el buscador y el modelo que resume la respuesta. No he sabido encontrar ningún estudio sólido que demuestre que los motores generativos citan más los textos claros, así que no lo voy a afirmar. Pero el razonamiento es sencillo: un texto que dice qué es cada cosa, para quién y en qué condiciones es más fácil de entender para cualquiera de los tres lectores y públicos. En cambio, un texto vago y poco claro obliga a los tres a adivinar. El humano dejará de leer. La IA no te tendrá en cuenta. El buscador, tampoco.
En Digital Bakers trabajamos con algunos sectores donde un texto poco claro tiene consecuencias. Pulimos los textos, les damos esplendor e intentamos que el tono y la personalidad de cada voz corporativa se materialicen en textos «sensillos». Que, insistimos, no significa que deban ser pobres y con lenguaje callejero. No es eso. Un lenguaje claro debe conseguir algo que es muy fácil de explicar pero que exige trabajo y sentido común: tratar a la gente con inteligencia y respeto. Que los textos sean útiles a la gente y que sirvan a sus necesidades y búsquedas.
Un lenguaje claro debe conseguir algo que es muy fácil de explicar pero que exige trabajo y sentido común: tratar a la gente con inteligencia y respeto.
Ni más ni menos, ni más ni menos, como cantarían Los Chichos. Sí, a veces, los textos deben tener finales que una IA nunca propondría. Lenguaje claro no significa aburrido.
Fuentes
- International Plain Language Federation, definición de lenguaje claro.
- BOE, Ley Orgánica 5/2024, de 11 de noviembre, del Derecho de Defensa, artículo 9.
- RAE, Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible.
- Corresponsables, la SEGIB apoya la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible.
- Boletín de la RAE, información académica enero-junio de 2025, adhesiones a la Red.
- RAE, noticias de lenguaje claro, adhesión de Mapfre.
- UNE, UNE-ISO 24495-1:2024.
- UNE, UNE-ISO 24495-2:2026.
- Iberdrola, Lenguaje Claro, Sello AENOR.
- Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires, cierre de la III Convención y Declaración de La Plata.
- Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires, apertura de la III Convención.
- La Capital (Mar del Plata), «La RAE debatirá en La Plata el impacto de la IA en el lenguaje claro».
- Kobak y otros, Science Advances, 2025, vocabulario en exceso en resúmenes biomédicos.
- Google Search Central, uso de contenido generado con IA.
- Nielsen Norman Group, How Users Read on the Web, 1997.
- Nielsen Norman Group, How Little Do Users Read?, 2008.
